domingo, 31 de mayo de 2009

Alter ego

Desafortunadas coincidencias. O quizá no tengan por qué serlo, pero esto es algo que, en principio, mis sesos pesimistas ni se plantean. Un hecho que pone de relevancia que ni mis más allegados me acaban de conocer... algo que, de todos modos, encuentro totalmente lógico, dado que ni yo lo logro a ratos (aquello del “gnosei seautón” está aún fuera de mi alcance).
Pero vayamos al grano. Hace unas horas me topé con un blog (cuyos datos he optado prudentemente por omitir) en el que la autora comparte conmigo nombre real. Pero lo gracioso es que su imagen de perfil podría tomarse como una mía. Lo cierto es que aparece una chica bastante impersonal (está tumbada boca abajo con la cabeza, sobre los brazos, de espaldas a la cámara). Pero lo poco que hay de apreciable, indómitos rizos castaños, un hombro poco carnoso y una mano pequeña apoyada sobre éste... cualquiera diría que soy yo. Y no sólo cualquiera, mis propias hermanitas han picado el anzuelo en cuanto han reparado en que navegaba por dicho blog. Se me olvidaba: debí aclarar de antemano que, por alguna extraña razón, he decidido no revelar la dirección del mío a mis más allegados... hasta tal punto soy rara. A lo que iba, las susodichas se han empecinado en que confiese que ese blog es mío, una en plan histérico husmeando el contenido de entradas y etiquetas y otra vía paranoia acusándome que crear una supuesta vida paralela, a pesar de que, más allá de las coincidencias descritas, mi “alter ego” resultara ser una mujer de mediana edad y ¡con hijos! Y, a esto último, sin ánimo de ofender, puedo asegurar que, a día de hoy, ni por asomo aspiro.


Después de esta parrafada me he quedado sin aliento. Una parada para respirar.


[...].

A raíz de esto me he acordado del maquiavélico fabricante de chocolate y su sosias en la novela “Desesperación” de Vladimir Nabokov. Buenísima, como todas las que he leído del mismo autor.

viernes, 29 de mayo de 2009

Más de música

Oh la la, estoy prolífica hoy... en plena época de exámenes. Cosas mías.
Ocasión idónea para reseñar algo de la música que he ido descubriendo de un tiempo a esta parte, y que prácticamente, y hasta que me harte (yo soy así), se ha convertido en mi banda sonora diaria (especialmente en los paseos con Lúa, mi perrita lesbiana, y en las idas y venidas de mi martirio, es decir, la facultad). Ahí van algunas muestras:

Joanna Newsom ("The book of right-on"),


Katie Melua ("Call off the search"),


Joe Hisaishi ("One summer's day"),


Charlotte Gainsbourg ("Everything I cannot see"),


Virginia Maestro ("Smile")...


...y un laaargo etcétera.

Autodidacta (en la medida de lo posible)

He aquí otro recorte de mi vida, esta vez íntegramente real. Os presento a mi humilde pero apañado teclado (desde que hace unos meses fuese bienvenido en casa a resultas de que me surgiera la necesidad irresistible de aprender a tocar algunas piezas de la banda sonora de Amélie, aunque fuese por las malas) y a mis manos aporreándolo. Se porta tan bien, pobre...
Espero con impaciencia que corrijáis mis errores , que sin duda son innumerables y, lo que es peor, muchos de los cuales son imperceptibles a los ojos de una profana como yo.
Y muchas, muchas gracias.



Se me olvidaba: aunque deje mucho que desear, lo que intenté tocar fue la "Comptine d'un autre été" (alias "Cancioncilla de otro verano") del genio Yann Tiersen.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Cosas que diría con sólo mirarlo

¿Qué me pasa estos días? He recuperado la ilusión o, al menos, una pizca de ella. Ahora sonrío con más frecuencia, y lo más importante, lo hago con ganas, porque me apetece. He vuelto a canturrear en la ducha; hacía siglos que no me atrevía por temor a las quejas de mis poco musicalmente sensibles vecinos (teniendo en cuenta que yo les ofrezco, o al menos lo intento, jazz vocal y ellos me devuelven reggaeton y Rocío Jurado... requiescat in pace). En cualquier caso, últimamente me daba la sensación de estar envejeciendo prematuramente y ha resultado no ser así.


Y todo por algo o, mejor dicho, alguien. Alguien que ha irrumpido de golpe y porrazo en mi aburrida existencia, alguien a quien al principio (lo confieso) aborrecía hasta tal punto que llegué a plantearme abandonar sus clases... oh, mierda, he hablado demasiado, por una vez en mi vida. No lo volveré a hacer, de verdad.

¿Es posible enamorarse de una persona con sólo mirarla? ¿Cón sólo escucharla? Si es así (teniendo en cuenta que de entrada no me queda otra opción que mirar y escuchar durante unas cuatro horas a la semana, que se dice pronto), entonces creo que ciertas profesiones, ejem, situaciones deberían estar prohibidas, o estarme prohibidas, o por lo menos que a priori se advirtiera a enamoradizos acerca de posibles efectos secundarios, de cara a evitar ulteriores chascos relativos a, bueno, ya sabemos a qué. Otra solución sería excluir de la docencia a aspirantes atractivos, aunque los aludidos me replicarían que lo más oportuno sería cerrar el paso a alumnas ilusas.

Qué mas da. Pronto comienza el verano y sólo quedará confiar en el señor Olvido (que, por cierto, siempre me la juega y nunca está ahí cuando lo necesito).
A no ser que finalmente decida abandonar la asignatura... y la deje pendiente para otro momento. También sería la primera vez que lo hiciera. Hay una primera vez para todo, ¿no? Y el fin justifica los medios.

domingo, 17 de mayo de 2009

Una "blogófila" más

Al fin me uno al pelotón. Al tercer intento. ¿No dicen que a la tercera va la vencida? Pues eso parece...
No sé cómo empezar. Sólo que me he propuesto no acabar yéndome por las ramas, tecleando el punto final con la sensación de que lo que he escrito y cero son la misma cosa. Algo que, por cierto, me ocurre a menudo cada vez que logro sacar algo en claro de las verborreas de algunos políticos y curas que salen en la tele. Ésos sí que son de otro mundo; no comprendo cómo logran articular tal cadena sintácticamente coherente de palabras sin aportar absolutamente nada a su interlocutor, o sea, yo en este caso. Yo, que apenas puedo hacer que más de cinco vocablitos se den la mano cuando hablo. Pero escribir es otra cosa. A lo mejor por eso estoy aquí. Para demostrarme a mí misma que sí que puedo. De hecho, ya he engarzado unas cuantas frases hoy. Y se hace tarde. Seguiré en otro momento.