
Y todo por algo o, mejor dicho, alguien. Alguien que ha irrumpido de golpe y porrazo en mi aburrida existencia, alguien a quien al principio (lo confieso) aborrecía hasta tal punto que llegué a plantearme abandonar sus clases... oh, mierda, he hablado demasiado, por una vez en mi vida. No lo volveré a hacer, de verdad.
¿Es posible enamorarse de una persona con sólo mirarla? ¿Cón sólo escucharla? Si es así (teniendo en cuenta que de entrada no me queda otra opción que mirar y escuchar durante unas cuatro horas a la semana, que se dice pronto), entonces creo que ciertas profesiones, ejem, situaciones deberían estar prohibidas, o estarme prohibidas, o por lo menos que a priori se advirtiera a enamoradizos acerca de posibles efectos secundarios, de cara a evitar ulteriores chascos relativos a, bueno, ya sabemos a qué. Otra solución sería excluir de la docencia a aspirantes atractivos, aunque los aludidos me replicarían que lo más oportuno sería cerrar el paso a alumnas ilusas.
Qué mas da. Pronto comienza el verano y sólo quedará confiar en el señor Olvido (que, por cierto, siempre me la juega y nunca está ahí cuando lo necesito).
A no ser que finalmente decida abandonar la asignatura... y la deje pendiente para otro momento. También sería la primera vez que lo hiciera. Hay una primera vez para todo, ¿no? Y el fin justifica los medios.

No hay comentarios:
Publicar un comentario